miércoles, 15 de febrero de 2017

CANÍCULA


Por Daniel R. Scott        A mi sobrina María Eugenia



Canícula de Febrero-Marzo: El verde y polvoriento árbol de almendrón se tiñe graciosamente de escarlata, un vinotinto que sorben mirada y corazón.

Canícula de Febrero-Marzo: Al tórrido sol del mediodía tropical, los cerros sin nombre, tostados por el sol del mediodía tropical, parecen salidos de un horno de atmósferas invisibles.

Canícula de Febrero-Marzo: De noche, a lo lejos, los incendios en las cumbres del Pariapán aseméjanse a tenues tizones de un fogón navideño casi apagado...
La paja seca y vulnerable crepita con llanto y dolor en candela implacable.

Cicatrices dolorosamente negras que pronto el bálsamo de las lluvias sanaran. Ciclos de vida y muerte, de muerte y vida.

Maria Eugenia Scott

domingo, 12 de febrero de 2017

DEL "DIARIO PERDIDO" DE MAMÁ

He querido dejar este recuerdo, este testimonio, de que eres mi hijo amado, que estaré siempre contigo, que nunca me eches de menos, nunca, porque estad seguro que cuando me vaya, estaré más cerca de ti.

Que linda mi madre,
vives dentro de mi..
María A. Scott
Estoy segura de que Dios te premiará, solo debes tener paciencia, solo debes tener paciencia, solo debes tener paciencia y confianza en Dios, en que no te abandonará.

¿Cuándo has visto a un hijo de Dios abandonado? "Probado" sí. No desmayes, sigue estudiando y dispón de todas tus fuerzas para ser feliz, y hacerme feliz esté donde esté yo.


Los quiero a todos los amo a todos y este amor mío y la bendición y la bendición de Dios los acompañará a todos por siempre.

                                 Del "Diario Perdido" de Mamá.

sábado, 11 de febrero de 2017

La perla de gran precio.

Mercedes López de Bracho
A la memoria de la hermana María Mercedes López de Bracho, ex-secretaria de la Adiel. 

Llegó a mis manos con carácter devolutivo el libro "La perla de gran precio", donde Verla Paterson, Arlene de Nelson y John de Nelson reseñan con texto y fotos el "nacimiento, expansión y jubileo de las iglesias evangélicas libres de Venezuela". Se podría decir que es el "libro de los Hechos" de nuestra denominación en el país. Hoy se toma como algo natural y cotidiano la existencia de las agrupaciones evangélicas libres en cada ciudad o pueblo de Venezuela, pero pocos o nadie se preguntan hoy cual es el génesis u origen de esa comunidad cuya señal distintiva a lo largo de los años lo ha sido una torre con su campana victoriosa en su cúspide.

Colonia Tovar, Venezuela. "un legado viviente" del Misionero David Finstrom
Se señala a la aragüeña ciudad de La Victoria como "cuna de las iglesias evangélicas libres". Años 1898/1903. Desde esa "nueva Jerusalén" y con el joven misionero David Finstrom procedente del Norte (no debemos olvidar nuestra deuda de gratitud con el protestantismo anglosajón) se extendió el evangelio a "Cagua, Colonia Tovar, Palo Negro, Maracay y muchos otros puntos". Dicha expansión contó con trabajo arduo y oposición. ¿Cómo se estableció esa primera obra evangélica? La obra arriba citada nos dice: "Cultos en casa de los Finstrom, visitas en los hogares, trato con la gente en la calle, invitaciones al hogar de los misioneros, escuelas primarias, clases bíblicas para niños, viajes a pie, a caballo, en tren, en moto y por último en carro propio. En muchas ocasiones los hermanos fueron objeto de las piedras y de las persecuciones, pero el resultado fue que muchos creyeron en el Evangelio". Es el modelo a seguir todavía. Trabajo. Sacrificio. Nada de ostentación ni espectáculo. Así es todo lo relativo a Dios: humilde, tan humilde como lo pueden ser un maestro de Galilea y doce discípulos en un rincón ignorado del planeta.

¿Cuál sería el paisaje nacional hoy si aquellos pioneros y baluartes de la verdad mencionados en este libro (yo conocí al menos tres de ellos) hubiesen cedido al desánimo y la violencia desatados en su contra? Sin duda habría un gran vacío y decadencia espiritual en las calles y en los hogares de nuestra patria, porque un siglo después de Finstrom cosa sabida y probada es que la iglesia evangélica libre ha tenido un impacto espiritual y social significativo que, a semejanza de la "sal de la tierra" (Mateo 5:13) ha contribuido a preservar a la sociedad de esa agusanada corrupción reinante en los siglos XX y XXI.

A nosotros nos corresponde retomar la antorcha y continuar con la labor que otros iniciaron con grande sacrificio. En este momento complejo y decisivo de la historia sigamos su ejemplo y marchemos adelante.

Por: Daniel R Scott. 
Pastor de la Iglesia Evangélica Libre "TEMPLO DE JESUCRISTO".


Av. Mariño cruce con Sendréa - San Juan de los Morros Edo. Guárico

Un sueño nuevo

Me leo la edición condensada del libro, "Un hombre triste, muy triste" de Loren Seibold. Es, a decir del Readers Digest, "una parábola de nuestro tiempo". Trata de un hombre que soñó y planificó su vida de una manera pero al final de su jornada biológica todo le resultó contrario a lo que aspiraba.

Esa es precisamente la historia de muchos. La historia tuya y mía. Concebimos la "vida ideal" y más adelante nos tropezamos con la "vida real". Algunos aceptan los resultados, otros se amargan y rebelan. De Jacob, el bíblico personaje, se dice que era un "hombre tranquilo que prefería quedarse en el campamento", pero al final de su existencia, ya viejo, expresó: "Ya tengo ciento treinta años de andar peregrinando de un lado a otro". Como se puede observar, dos cuadros opuestos entre sí, separados por una larga linea vital: el cuadro de lo ideal y de lo real. Jacob prefirió lo primero, pero ocurrió lo segundo. Solo contó con la promesa de Dios de su compañía. ¿Y que más se puede pedir?

La moraleja o sentido práctico del libro de Seibold refleja una actitud sabia y realista: "Por fin decidió soñar un sueño nuevo, un sueño que deseaba haber tenido años atrás. Decidió soñar que lo que más anhelaba era precisamente lo que ya tenía".

Lo importante es saber que en ese largo peregrinar que es la vida, nuestro punto de partida, nuestro camino y nuestra llegada es Dios. Pase lo que pase y como pase.

(Prédica del domingo 9 de octubre de 2016) 

Por: Daniel R Scott. 
Pastor de la Iglesia Evangélica Libre "TEMPLO DE JESUCRISTO".

Av. Mariño cruce con Sendréa - San Juan de los Morros Edo. Guárico

martes, 7 de febrero de 2017

Lágrimas en la tierra, risas en el cielo.

Pese a las oraciones incesantes de la Iglesia Evangélica Libre "Templo de Jesucristo", tuvimos que sepultar en una misma tumba y en menos de un mes a la hermana Migdalia y al hermano Cheo, esposa e hijo primogénito de José Calderón, co-pastor de la iglesia donde ejerzo el pastorado.

Gran pérdida sin lugar a dudas, tenemos el corazón abatido en nuestro pecho. Y no faltará quien diga el clásico "¿Por qué?" o "¿Dónde estaba Dios?". Pero en momentos como estos es cuando debemos tener los pies bien plantados en tierra y el corazón bien arraigado en el Cielo. Entender que la muerte, por muy dolorosa y trágica que sea, en labios de un adalid como el apóstol Pablo, es un "partir y estar con Cristo que es muchísimo mejor". (Filipenses 1:23) Más aún, el apóstol es radical y categórico cuando afirma que "el morir es ganancia". Y todo cristiano debe asumir con valentía y coraje tal punto de vista. Asumirlo como filosofía de vida. Pese a que no es fácil.

Lo que ha sido una tragedia aquí en la tierra, ha sido una fiesta en el Cielo: Migdalia y Cheo en abrazo gozoso ante la mirada de aprobación de nuestro Señor Jesucristo. Sí, porque un Esteban, primer mártir de la iglesia, exclamó "veo la gloria de Dios, y a Jesús que está a la diestra de Dios". (Hechos 7:55) No resulta inverosímil ver a Cheo y a su madre con sus cuerpos etéreos, conversando con Esteban y con cientos de santos más que los antecedieron.

Nuestra Esperanza es futurista. Cuando el Apocalipsis habla de un cielo nuevo y tierra nueva, añade: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron". (Apocalipsis 21:4) La iglesia y el creyente aún están ubicados en esas "primeras cosas" que todavía no han pasado y que están teñidas de muerte, dolor y lágrimas. Fuimos diseñados por Dios para alcanzar la verdadera felicidad en ese cielo nuevo y tierra nueva que ha de manifestarse en un punto glorioso de un glorioso futuro.


Migdalia, Cheo: su ausencia se sentirá por un largo muy largo tiempo, pero nos veremos en el Cielo.

Por: Daniel R Scott. 

Pastor de la Iglesia Evangélica Libre "TEMPLO DE JESUCRISTO".


Av. Mariño cruce con Sendréa - San Juan de los Morros Edo. Guárico

viernes, 3 de febrero de 2017

La aventuras de Simón Bolívar

Por: Daniel R Scott.

"Que cosas. Tuvimos un Simón Bolívar, pero nunca su grandeza ni su gloria" (De un mensaje de texto)

Anoche soñé que visitaba la escuela de mi infancia, el “Grupo Escolar República del Brasil”, pero no me acordé del sueño hasta que me topé por casualidad con un ejemplar de libro "Las aventuras de Simón Bolívar" de Vinicio Romero Martínez. Y es que, vaya coincidencia con esto del sueño y el libro, cuando cursaba mi tercer grado de educación primaria, allá por 1973, nuestro maestro ponderaba la lectura de la obra, a nosotros, apenas unos niños. Resultó, para dicha mía, que el libro estaba en la biblioteca de papá, siendo lo primero y más adecuado que leí sobre Simón Bolívar a mis nueve años de edad. Fue editado en 1972, de manera que me cuento entre sus primeros lectores.

Muy osado, el autor relata la vida del libertador desde un punto de vista autobiográfico, es decir, desde el punto de vista del propio Bolívar. Su prosa es amena y sencilla. Habla de cómo un niño del siglo XX visita a Bolívar a su casa natal mientras sus padres asisten a la misa en la catedral. "Buenos día amiguito" dice el propio padre de la patria ¿Vienes a visitarme? Pues aquí estoy, de cuerpo entero". Y de allí parte toda la estructura del libro. Tras relatar toda la vida y las aventuras que vivió, el libro cierra con estas palabras: "Y el niño, incorporado ya a la realidad terrena, descubrió que había tenido un sueño allí, en ese mismo lugar en que fue a buscar a Bolívar; pero a pesar de no haber sido más que un sueño, él encontró a Bolívar y se llenó de Bolivariano fervor en medio de aquella magnífica visión que jamás olvidará."

Pasados cuarenta y cuatro años de esa lectura, hoy el reto sigue en pie: dejar de manosear impúdicamente la vida y obra de Bolívar y llevarla de una manera efectiva a la acción patria porque, francamente, aún no lo hemos logrado.


20 de Enero de 2017 

jueves, 2 de febrero de 2017

Teología poética.

Por: Daniel R Scott.

Salgo a respirar un poco de aire fresco y nocturno, descansando pensativo mis brazos en los travesaños de la reja de pintura azul que cuida la casa, y elevo la mirada al cielo. Ante mí tengo una hermosa noche con su luna alta y plateada como la campana en una elevada torre de éter azulado. Las lluvias pasadas y continuas han lavado y purificado la atmósfera, haciéndola más límpida a mi pupila. Una nubecilla se pasea perezosa, como dirigiéndose al santuario, atendiendo a los llamados de la campana lunar. Mucho más arriba, una estrella parpadea y me hace guiños, cual una eterna doncella sideral que no se cansa de jugar con los corazones enamorados de todas las edades y latitudes.


Y me digo: "Pese a las cosas terribles que pasan debajo de estos cielos, yo escojo el tipo de ojos con los que quiero ver y me aferro a mi teología poética."

domingo, 29 de enero de 2017

Se llamaba Simón Rodríguez


Por Daniel R Scott

Algo agotado mentalmente, eso no me impidió leer con sumo gusto y placer desde la primera hasta la última página "Se llamaba Simón Rodríguez", que es, claro está, una obra de su autoría. La compré en Fundación "Librerías del Sur", lugar que no visito muy a menudo por su sesgo irremediablemente ideológico. Pero el pasado 6 de agosto lo visité a ver qué novedades había y corrí con la suerte y la grata sorpresa de toparme con su libro. Recuerdo que el librero, hombre amable y de maneras cultas, no se cansaba de recomendarme y ponderarme las virtudes de dos libros titulados "Razón y Revolución", o bien, "Revolución y Razón", pero yo no hacía otra cosa que ver titilar como una estrella el "Antonio Pérez Esclarín" en la cubierta del libro.

Como le dije, leí su obra. Lo hice con el expectante corazón de un niño de diez años que no conoce nada sobre el tema. No le miento ni exagero si le digo que, más que un buen libro, me parece un objeto artesanalmente bello con ese formato y esas coloridas ilustraciones que le dan vida, realce y vigor a un texto prodigo de ideas y datos históricos. Usted, amigo mío, logró transmitir con su prosa frescura primaveral y me hizo sentar en los inolvidables pupitres de la educación primaria y secundaria. Cuando descansé la mirada sobre la bella y luminosa ilustración de la página 13, se agitó el sedimento de los recuerdos más queridos y me vino a la memoria los libros escolares de la infancia perdida, los que usé en la escuela en la primera mitad de los años setenta, con sus bellos textos embellecidos con artísticas ilustraciones. Se siente, además, que es un libro que usted escribió inspirado, como quien compone un poema. Ciertos párrafos son poesía pura. ¡A partir de la página 45 se podría decir que usted lo escribió danzando y cantando! Debió colocarle un pentagrama. Ese tema le es muy querido y logra transmitir al lector la emoción que le coloca a cada letra.

¿Y qué decir de las ideas y los ideales del señor Simón Rodríguez? Uno no sabe si alegrarse o entristecerse. Alegrarse por la existencia de un hombre tan extraordinario, entristecerse porque uno siente que todo proyecto de redención política y social que se ha llevado a cabo en este país nunca ha tenido un final feliz. El ideario del Maestro de Bolívar nunca fue aplicado y eso nos ha traído no pocos males. "Y la ignorancia de los principios SOCIALES," dice simón Rodríguez "es la causa de todos los males, que el hombre se hace y hace a otros... educar es CREAR VOLUNTADES." Y dice Juan Rosales Sánchez en su trabajo que versa sobre el pedagogo en cuestión: "El grave problema de las repúblicas americanas consiste en la ausencia de ciudadanos, pues sus costumbres no son las adecuadas... ¿cómo puede sustentarse una república sin ciudadanos, sin pueblo? Es imposible que hablemos de repúblicas con personas que ignoren sus derechos y deberes sociales..." y añade que sería lo ideal: "La creación de voluntades, la formación de un pueblo que asuma las riendas de su propio destino, un pueblo con individuos dueños de sí mismos."

Ideas antiguas pero siempre frescas y revolucionarias, en la espera de ser utilizadas; el proyecto de lo que debe ser una educación verdadera y eficaz para sacar del subdesarrollo a nuestros pueblos. Ideas de Simón Rodríguez y de usted (es la misma cosa) las que nunca han sido puestas en práctica masivamente. La frase que se me quedó rebotando dentro de mi cabeza como satélite fuera de su órbita fue: "Es muy poco lo que hacemos tumbando reyes y cortando cabezas, si la gente sigue pensando igual que antes." Esa sentencia o lo que sea, ¿no sigue vigente en este 2008? ¿No sigue siendo el dedo que acusa a toda nuestra historia Republicana? Las palabras de Simón Rodríguez resultaron dolorosamente proféticas al hacer una distinción entre educación e instrucción: "No esperen de los colegios lo que no pueden dar (...) están haciendo letrados (...) no ciudadanos. Persuádanse que, con sus libros y compases bajo el brazo, saldrán los estudiantes a recibir, con vivas, a cualquiera que crean dispuesto a darles los empleos en que hayan puesto los ojos (...) ellos o sus padres."

De todos modos, su libro me entusiasmó con su contenido y coherencia histórica (cosas que no todos dominan con la debida claridad a la hora de abordar la vida y peripecias de este notable sabio, como lo dijo Rufino Blanco Fombona en su "Mocedades de Bolívar") y hasta lamenté por un momento haber abandonado las aulas para dedicarme al riguroso e inflexible estudio de las leyes y el derecho. Quizá no descarte del todo la posibilidad futura de incursionar de nuevo en la docencia. Recuerdo como fueron mis últimas experiencias en las aulas. Estaba harto de repetirme año tras años con las mismas lecciones de Artística, Geografía o Historia. Un día le pedí a mis alumnos que adquiriesen la revista "Selecciones" para, reunidos en varios equipos, comentar historias inspiradoras de la vida y los hechos reales de esas personas que usted y yo ya conocemos, la de esos seres comunes y corrientes que dieron lo mejor de sí a la hora de ser ejemplo, luchar contra la adversidad o de construir un mundo más justo y digno. Si leyó historias como las del "padre Kolbe" o "Arca cristiana en el Mar Rojo" sabe a qué me refiero.

Hace algún tiempo me abordo uno de mis ex-alumnos, uno del año escolar 1989/1990. Luego de los "¡Hola!" y los "¡Cómo estás!" y otros saludos preliminares le pregunté qué era de su vida. Respondió algo así como que estudiaba educación especial y trabajaba con niños discapacitados. "Y todo gracias a aquellas palabras y consejos que usted me dio. ¿Se acuerda profe?" Le dije que sí pero el rubor en la cara debió delatarme porque por mucho que busqué y rebusqué, no pude hallar archivado en los entresijos de mi mente las palabras que tocaron su corazón. Pero al margen de este olvido, eso es lo bello de la docencia cuando no está sujeta a la rutina de la mera instrucción y de los libros de texto: dejas sembradas semillas de bien y de virtud en los corazones de esos discípulos que vas dejando atrás. Un día alguien gozará de la sombra y del fruto maduro de esa simiente que tu sembraste.

Por último, me despido de usted mi buen amigo, dándole gracias a Dios por ese bien concebido "plan divino" que es su vida y pido la bendición de lo alto para su apostolado y sus libros


Daniel Scott, 22 de Septiembre de 2008

sábado, 28 de enero de 2017

Profesora de Taquigrafía Yacente

Por: Daniel R. Scott

Una aparatosa caída decembrina obliga a mamá guardar reposo absoluto por treinta días; debe permanecer acostada boca arriba, sin moverse ni a diestra ni a siniestra. Hubo fractura a la altura de la pelvis, lo que a su edad y con osteoporosis complica aún más su recuperación. Siendo la mujer activa e inquieta que siempre ha sido, sé que su convalecencia le será un verdadero suplicio, así que me acerco y le digo: "Este es el momento oportuno para que me des las clases de taquigrafía que te pedí". Mis palabras obraron magia: esbozó una sonrisa y los ojos se le iluminaron. La taquigrafía fue para ella su pasión y profesión. En ocasiones entro a su cuarto y la sorprendo escribiendo con su dedo índice sobre la cama signos invisibles e indescifrables. Quien no la conozca diría al verla en eso que son cosas propias de orates. Pero cuando le preguntas por qué mueve su dedo contesta que está escribiendo taquigráficamente alguna palabra, nombre, frase u oración que acaba de oír en televisión. A mí, me avergüenza confesarlo, lo único que me trae a la mente la taquigrafía es un largometraje del cómico mejicano Mario Moreno Cantinflas. Cuando se le preguntó si sabía taquigrafía, el inmortal Cantinflas contestó: "Lo hablo muy bien pero no lo escribo".

En la década de los cincuentas mamá era profesora en el Instituto "Carabobo", situado frente a la antigua clínica "Mérida" del Dr. Guerra Mora, en la calle Salias. Más tarde el Sr. Carlos Hurtado Fonseca (cuñado de papá, buen esposo y hombre agrio como un sorbo de vinagre) compró el Instituto y lo trasladó a su casa de la avenida Cedeño, donde funcionó con el nombre de "Dr. José Gregorio Hernández" hasta su clausura, a finales de los años ochenta. Dos habitaciones, una sala y el garaje fueron aulas donde se impartieron las materias de contabilidad, castellano, mecanografía y taquigrafía. Mamá se encargaba de las últimas dos. Con el paso de los años mamá abandono el Instituto y con la masificación de la grabadora de periodista y otras tecnologías la taquigrafía cayó en desuso, pero resulta intelectualmente atractivo que mamá domine a la perfección un sistema de escritura que "se remonta a la época del historiador griego Jenofonte, que se valió de esa técnica para transcribir la vida de Sócrates" (Wikipedia. La Enciclopedia Libre). También se usó mucho en el antiguo imperio romano.

Mamá me pidió que abriera una de sus gavetas secretas y olvidadas. Me dio las señas de un libro y dijo que lo sacara de allí. Tras revisar un desorden de cuadernos, papeles viejos y adornos anónimos carentes de significado encontré lo que me pidió: un libro viejo empastado en cartón y en tela de un rojo que ya perdió su color por la acción del uso y del tiempo. Su portada fue artísticamente decorada en un oro que ya se le cayó. El libro se titula "Taquigrafía Gregg" de Jhon Robert Gregg, adaptado al español en 1904 y 1921. En su segunda página se puede leer la caligrafía preciosista de mamá: "Pertenece a María A. de Scott. San Juan de los Morros. 22-5-58". Vaya... ¡Un libro de medio siglo!

Estoy en casa, cuaderno y lápiz en mano, luchando con la primera clase: planas del alfabeto en taquigrafía Gregg. Ya domino las consonantes G, K y R. Creo que estas lecciones me serán provechosas porque si bien se ve, no siempre se lleva una grabadora a todos lados. Es una ventaja sustituirla por neuronas, manos, lápiz y papel, ya que este sistema permite escribir las palabras con la misma rapidez con que son pronunciadas. Cuando Oskar Schindler anunció que le hablaría a los obreros judíos de su fábrica, dos prisioneras taquígrafas pudieron recoger sus palabras. Gracias a eso su discurso quedó registrado en la famosa obra "La lista de Schindler", que posteriormente inspiraría la no menos famosa película de Steven Spielberg.

Y lo mejor de todo: recibiré de mamá como herencia un conocimiento que le es muy íntimo y querido.


18 de Enero de 2008

La Inexistencia de Dios

Por: Daniel R Scott

"Por más que nos esforcemos en captar y expresar lo Absoluto lo mejor posible, sabemos muy bien que solo lograremos captarlo y expresarlo de una manera muy imperfecta" (Ignace Lepp)

¿Nos cuesta captar a Dios? Eso es bueno. ¿No vemos a la Divinidad en la mente del científico o en los tubos de ensayo de los laboratorios del mundo? Eso es mejor. Porque es casi imposible captar a Dios y más difícil aun confinarlo en los estrechos muros de fórmulas matemáticas, químicas y físicas producto de la especulación humana. Pero entonces tanto el hombre de ciencia como el vulgo concluye erróneamente que ciertamente "NO HAY DIOS". Mas, ¿prueba acaso nuestra incapacidad de captar y probar a Dios su inexistencia? Por supuesto que no, tan solo probaría que Dios como sustancia y concepto es demasiado elevado e infinito como para reducirlo a una simple ecuación. Y es que por años le hemos rendido culto a la ciencia y al raciocinio sin saber que ambos poseen limitaciones y fallos graves. Si el hombre de la postmodernidad es incapaz de abarcar con su mente la totalidad del universo material, ¡cuanto menos podría abarcar la anchura, la profundidad y la altura de la divinidad! ¿Podría acaso la hormiga con lo laboriosa que es concebir y recitar la monumental obra "el Quijote" de Cervantes? Por supuesto que no, porque tal actividad y conocimiento está más allá de sus facultades físicas e intelectuales. ¿Y no es esa nuestra posición ante la totalidad de lo real? Jamás podremos conocer e internalizar por nuestros propios recursos las verdades primeras y la ultimidad del acaecer cósmico, ya que hay un viejo axioma filosófico que sostiene que las verdades primeras y la ultimidad del acaecer cósmico no se prueban racionalmente. "No conocemos más realidad que la nuestra", dijo el filósofo Ignacio Burk, y Heisemberg, el creador de la mecánica cuántica dijo en el libro "El mundo de las dimensiones desacostumbradas" que el ser humano es una partícula microscópica que habita dentro de un átomo, sujeto a las dimensiones, leyes y principios de ese átomo. Y uno se pregunta honestamente, ¿se podría contemplar la realidad total desde un apartado rincón de un átomo? "El hombre es un ente de dimensiones medianas. Está colocado entre el cosmos inmenso y el diminuto electrón" (Heisemberg)

Por otra parte, ¿de qué nos serviría un Dios que pueda ser probado y mostrado por la ciencia o el quehacer filosófico? Creo que a nadie. Al menos a mí no me serviría. Si Dios puede ser explicado entonces ya no sería Dios. Si Dios puede ser racionalizado en términos absolutos, entonces no sería mayor que aquel que lo racionaliza, perdería su trascendencia. "Dios en sí mismo, en su carácter absoluto y en su trascendencia, está fuera, o mejor dicho más allá del alcance de nuestras facultades naturales de conocimiento. Un espíritu finito no podría abarcarlo ni expresarlo adecuadamente. El día que comprendí la absoluta trascendencia y la total inmanencia de Dios, ya no me atormenté por nuestra dificultad de probar racionalmente la existencia de Dios" (Ignace Lepp) De manera pues, y aunque suene contradictorio, la mejor prueba de la existencia de Dios que se puede presentar a la Humanidad es nuestra imposibilidad de probar plenamente su existencia.

Por eso fue que Dios, conociendo nuestra finitud y limitaciones intelectuales, tomó la iniciativa y decidió darse a conocer a través de la prosa de esa obra maestra del espíritu y de la literatura universal a la que llamamos "BIBLIA". Amigo mío, ¿tienes una contigo? Eso es muy bueno, pero te aconsejo que la tengas no como un amuleto sino que la leas. Léela con sinceridad y oración. Allí podrás ver y conocer a Dios. Por la Biblia sabemos de la existencia de otro camino excelente para conocer a Dios, a saber: la fe. Necesitamos de la fe. ¿Tienes fe? Deberías tenerla porque la fe es "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (La Biblia). Leamos la Biblia y tengamos fe para así conocer a Dios. Dios no quiere que se le pruebe. La Biblia da por sentado la existencia de Dios.

El Creador quiere que se le conozca. Trata de conocerle

Septiembre de 2010