Por: Daniel R
Scott.
"Que
cosas. Tuvimos un Simón Bolívar, pero nunca su grandeza ni su gloria" (De
un mensaje de texto)
Anoche soñé que
visitaba la escuela de mi infancia, el “Grupo Escolar República del Brasil”,
pero no me acordé del sueño hasta que me topé por casualidad con un ejemplar de
libro "Las aventuras de Simón
Bolívar" de Vinicio Romero Martínez. Y es que, vaya coincidencia con
esto del sueño y el libro, cuando cursaba mi tercer grado de educación primaria,
allá por 1973, nuestro maestro ponderaba la lectura de la obra, a nosotros,
apenas unos niños. Resultó, para dicha mía, que el libro estaba en la
biblioteca de papá, siendo lo primero y más adecuado que leí sobre Simón
Bolívar a mis nueve años de edad. Fue editado en 1972, de manera que me cuento
entre sus primeros lectores.
Muy osado, el autor
relata la vida del libertador desde un punto de vista autobiográfico, es decir,
desde el punto de vista del propio Bolívar. Su prosa es amena y sencilla. Habla
de cómo un niño del siglo XX visita a Bolívar a su casa natal mientras sus
padres asisten a la misa en la catedral. "Buenos
día amiguito" dice el propio padre de la patria ¿Vienes a visitarme? Pues aquí estoy, de cuerpo entero". Y de
allí parte toda la estructura del libro. Tras relatar toda la vida y las
aventuras que vivió, el libro cierra con estas palabras: "Y el niño,
incorporado ya a la realidad terrena, descubrió que había tenido un sueño allí,
en ese mismo lugar en que fue a buscar a Bolívar; pero a pesar de no haber sido
más que un sueño, él encontró a Bolívar y se llenó de Bolivariano fervor en
medio de aquella magnífica visión que jamás olvidará."
Pasados cuarenta y
cuatro años de esa lectura, hoy el reto sigue en pie: dejar de manosear
impúdicamente la vida y obra de Bolívar y llevarla de una manera efectiva a la
acción patria porque, francamente, aún no lo hemos logrado.
20 de Enero de 2017
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